Un pequeño análisis de "El corazón delator"

Durante la semana, me puse a escuchar un podcast que relataba el cuento de Edgar Allan Poe, El corazón delator. Un cuento que he compartido anteriormente en el blog, y me pareció interesante el poder compartir mi apreciación de este relato utilizando lo que aprendí de semiótica. Espero que sea de su agrado y de gran ayuda para cuando tengan que realizar algún análisis para alguna tarea.

Sinopsis:
Presenta a un narrador anónimo obsesionado con el ojo enfermo (que llama «ojo de buitre») de un anciano con el cual convive.

Autor:
Edgar Allan Poe es conocido como el primer maestro del relato corto, en especial de terror y misterio. Una clara muestra es que, después de 150 años de escritas sus obras, sus historias aun siguen vivas como el día en que las escribió. Quizá dicho éxito se deba al hecho de que en sus cuentos no se dedica a crear el terror basándose en monstruos, sino que trabaja con el terror psicológico; temor relacionado con la mente humana.

Esquema narrativo

El siguiente esquema nos ayuda a poder entender más lo que ocurre en la trama centrándonos en el personaje principal que viene a ser el narrador/asesino.

Roles temáticos

Dividiremos la historia en inicio, nudo y desenlace para observar el estado de nuestros personajes. Notaremos que la actitud de cada uno va a ir cambiando conforme se desarrolla la trama.

Inicio:
  • Narrador/Asesino:
    • Calificación: Tranquilo, calmado, pero al final se muestra ansioso
    • Atributo: Psicópata
    • Función/oficio: Preso
Nudo:
  • Narrador/Asesino:
    • Calificación: Sigiloso, astuto, precavido, rabioso, impaciente
    • Atributo: Psicópata
    • Función/oficio: Espía
  • Anciano:
    • Calificación: Tranquilo, estático, asustado, horrorizado
    • Atributo: Ojo de buitre (cataratas)
    • Función/oficio: Room-mate
Desenlace:
  • Narrador/Asesino:
    • Calificación: Hábil, tranquilo, despreocupado, nervioso, desesperado, loco
    • Atributo: Psicópata
    • Función/oficio: Asesino
  • Policías:
    • Calificación: Autoritarios, ingenuos, parranderos
    • Atributo: Autoridad
    • Función/oficio: Policías

Análisis

La obra El corazón delator está escrita en primera persona, por lo que el narrador es nuestro personaje principal. Cabe resaltar que el narrador nos cuenta qué es lo que ha hecho, dando a conocer que los hechos del relato se llevan a cabo en el pasado y que es la causa de donde se encuentra ahora. El narrador es una persona que esta presa, tal vez hablando consigo mismo.

Al inicio de la historia, el personaje nos da a conocer su conducta nerviosa, muy nerviosa, la cual es clave principal de su demencia y locura durante su relato porque, a pesar de ser una persona nerviosa, no se muestra así al contar su cometido.

«Observen con qué calma puedo contarles esta historia».

Las personas que sufren de este tipo de locura nerviosa, por no decir psicópata, no tienen conciencia alguna de sus acciones. Al personaje no le cuesta contar la historia de su propio crimen. Es más, lo hace con calma y seguridad. No siente vergüenza, arrepentimiento, ni resentimiento alguno. Se siente tranquilo pues le ha dado fin a lo que lo molestaba.

El ojo de buitre, sin duda es el objetivo principal de nuestro personaje. ¿Motivo? No existe motivo alguno, el mismo personaje admite no tener idea de cómo llegó a él tal deseo. Hasta se toma su tiempo a para dejarnos bien en claro a quien o, mejor dicho, a qué va dirigido su odio y su deseo de deshacerse de él, del ojo de buitre. 

Es su misma mente quien lo “psicosea”.

Una persona con ese tipo de desequilibrio mental no se enfoca en terceros, es él y su objetivo. Esto se puede ver claramente en la narración, ya que solo habla de sus propias acciones. En ningún momento hace alusión al anciano y su comportamiento, solo se concentra en el ojo de este. 

El protagonista declara ser amigo del anciano, que no tiene nada contra él. Es su ojo de buitre el que lo perturba y no es capaz de ver a los demás, enfocándose en su objetivo a tal nivel de convertir al Ojo de Buitre en un personaje muy aparte del anciano.

Para alguien normal la idea de matar a un hombre solo porque tiene una mirada impactante resulta muy descabellada, pero para una persona con dicho trastorno mental no existen parámetros pues su locura y demencia son más fuertes que su propia conciencia. No es consiente (vale la redundancia). De esta manera, el protagonista se ve incitado por su propia mente a cometer acciones inimaginables. 

Algo que debemos destacar de una persona en dichas condiciones es su astucia, su propia demencia es su fuente de inteligencia, adueñándose incluso de su propio subconsciente.

«Me creéis un loco. Los locos nada saben de cosa alguna, pero si me hubieseis visto, si hubierais visto con qué sabiduría procedí, con qué precaución, con qué cautela, con qué disimulo puse manos a la obra…».

Por el mismo hecho de que solo es él y su objetivo, no existen terceros que cumplan la función de ayudante y/u oponente, salvo el mismo. Es como una autoayuda, él y su inteligencia psicópata. Resulta casi imposible para cualquier persona humana tener más astucia que un enfermo mental, es como un maniático quien no descansará hasta cumplir lo que quiere.

Ahora, si pasamos a la segunda parte de esta historia, cuando nuestro demente protagonista cumple su objetivo, ¿podemos ver ya a una persona normal? No. Después de haber realizado su crimen y haber ocultado toda evidencia, aún muestra una actitud inusual. No es normal para una persona actuar con tal naturalidad segundos después de haber realizado su primer asesinato, y mucho menos que este comportamiento despreocupado lo muestre fácilmente frente a autoridades que harán que pague por lo que hizo. Aquí nuevamente se puede ver la falta de conciencia del personaje a causa de su mentalidad desquiciada. 

Los policías intervienen y al no tener evidencia… ¿se van? El mismo asesino tiene la osadía de invitarlos a que se queden más tiempo, ubicándose exactamente en un punto de la sala donde, bajo sus pies, se encuentra los restos de la victima (enterrado bajo los tablones de madera). 

Su actitud sigue tranquila y despreocupada, está convencido de que se saldrá con la suya. Pero aquí es donde entra la parte interesante de la trama y la más impactante, el asesino se entrega a sí mismo. No muchos son capaces de admitir culpabilidad y mucho menos cuando nadie sospecha de sus actos. El protagonista es obligado a revelar la verdad por su propia inconsciencia. Él escucha ruidos que se hacen más y más fuertes, los latidos del corazón de anciano lo perturban —a pesar de que es imposible que el anciano halla sobrevivido al ser acuchillado x veces y al ser partido en partes para ocultar su cuerpo—.  Se siente impaciente, y dicha impaciencia se convierte en desesperación. No hay sonido alguno, los policías no lo oyen, no sospechan, están distraídos, riéndose entre ellos disfrutando de sus bebidas. Pero en la mente del protagonista es todo lo contrario. Se “psicosea” mentalmente. Piensa que ellos lo saben, y que se burlan de él. Dicho pensamiento lo consume por dentro provocando que finalmente se entregue.

«¡Miserables! —exclame— ¡No disimulen por más tiempo! ¡Lo confieso todo! ¡Arranquen esas tablas! ¡Aquí, aquí! ¡Es el latido de su odioso corazón!».

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